Excursión al volcán de Timanfaya, una experiencia inolvidable

Los volcanes son monumentos naturales que despiertan admiración, respeto y un poco de temor en quienes se detienen a presenciarlo, y no es para menos, es una de las maravillas más fuertes y destructivas de nuestro planeta.

El Volcán Timanfaya ha erupcionado en distintas ocasiones a lo largo de los siglos, modificando con esto el relieve de esta parte de Lanzarote y trayendo consigo una bendición oculta luego de los estragos realizados por la lava.

Actualmente es uno de los sitios turísticos más visitados en España, además, alberga las instalaciones de la agencia espacial Europea y de la NASA, por lo que aquí se llevan entrenamientos y ensayos de los futuros astronautas.

¿Qué quiere decir Timanfaya?

Timanfaya es el nombre específico que recibe el Parque Nacional de la isla de Lanzarote, hace varios siglos atrás fue el nombre de un poblado que quedó destruido por la lava y enterrado en las cenizas volcánicas.

Según los historiadores de las islas canarias, el nombre “Timanfaya” es de origen guanche y quiere decir “Princesa de Lanzarote”, por lo que se utilizaba principalmente para nombrar a las mujeres. En la actualidad, algunos residentes de la isla lo utilizan en sus hijas recién nacidas.

¿Cómo ver el Parque Nacional de Timanfaya?

Cualquier turista de cualquier parte del mundo puede visitar el Parque Nacional de Timanfaya y las Montañas de Fuego en Lanzarote, sin embargo, es recomendable acudir previamente al Centro de Visitantes de Montaña Blanca.

¿Se necesitan entradas para visitar el Timanfaya?

Aquí recibirás guía e instrucción de la historia de los paisajes que visualizaras más adelante, esto le dará más sentido y valor al recorrido que realizarás, además, está disponible durante todo el día, se pueden comprar entradas para visitar el Parque Nacional de Timanfaya, la Cueva de los Verdes y los Jameos del Agua.

Luego de este paso previo deberás dirigirte al Centro Cultural y Turístico de las Montañas de Fuego, donde se realizará un control de acceso a tu vehículo y recibir hace el permiso para estacionar, el restaurante y la tienda de recuerdos.

Una vez que empieces el recorrido, a los pocos metros, te encontrarás con pequeños géiseres de agua, que arrojan vapor de manera inofensiva a la atmósfera.

Luego puedes subir a un autobús que te llevará en un recorrido de 40 minutos aproximadamente, hacia los volcanes de Timanfaya. Ten en cuenta que no puedes bajar de este vehículo el tiempo que dure la demostración, esto con el fin de salvaguardar el bienestar de los visitantes.

¿Cuándo erupcionó el volcán y cuántos días duró?

El Volcán Timanfaya fue bastante activo entre 1730 y 1736, pero fueron precisamente estas erupciones las que modificaron decisivamente la vida en la isla, enriqueciéndola en los años siguientes y dotándola de más valor.

Los residentes cuentan que 1º de Septiembre de 1730, alrededor de las 10 de la noche la tierra se abrió cerca de lo que hoy es Timanfaya, a 2 leguas de Yaiza y que esta noche se elevó una montaña de gran tamaño e imponencia, de la cual escapaban llamas que ardieron durante 9 días consecutivos.

Algunos días más tarde se formó un nuevo abismo y el torrente de lava se precipitó justo sobre el volcán recién nacido llegando a Rodeo y una parte de Mancha Blanca. La velocidad de la lava era similar a la del agua, pero mientras se dirigía hacia el norte fue haciéndose cada vez más lenta.

Hacia el 7 de septiembre una roca de gran tamaño fue expulsada desde la tierra, con un ruido similar al de un trueno cuando cae en la superficie terrestre. Se cuenta que esté suceso forzó la lava a desviarse de la dirección norte que mantenía hacia el Noroeste.

De esta manera, la lava llegó y destruyó lugares situados en Santa Catalina y Maretas, que 4 días más tarde volvió a recibir una ola de lava ardiente, precipitándose hacia Mazo y formando cataratas que destruyeron a la aldea por completo.

El panorama era devastador y no solo había personas heridas, la historia indica que había una gran cantidad de peces muertos que flotaban a orillas del mar y otras especies pequeñas, como aves, que también sufrieron una importante pérdida de su hábitat.

El 18 de octubre de ese mismo año se formaron nuevas aberturas volcánicas en la cima de Santa Catalina y actualmente todavía están activas, dejando escapar hacia la atmósfera masas densas de ceniza y arena, recordando a los habitantes el poder natural que reside en el interior de la tierra.

Estás erupciones volcánicas causaron grandes estragos y perdidas en cerca de 11 poblaciones de la isla, por lo que la mayoría de las personas emigraron otras localidades, pero quienes se mantuvieron optimistas y trataron de recuperar sus pertenencias, descubrieron una tierra más fértil, dónde cualquier especie vegetal crecía de manera increíble.

La ceniza volcánica y los restos de lava nutrieron la tierra, por lo que cualquier cultivo podía crecer en menos tiempo. Esto significó un nuevo ciclo para la isla.

Marcos
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